LA GRAN AVENTURA

Cuento “LA GRAN AVENTURA”, por Olivério de Los Ríos Mandell.

Cuando Zóide surgió en los países bajos, parecía apenas una semilla, un granito luminoso que estalló de un enorme campo de cultivo. Eran miles, en realidad millones de semillitas que ahora estaban a su alrededor en diferentes grados de desarrollo y posición. Él notó que todos se parecían y también percibió que, de alguna manera, estaba separado de los demás, pero al mismo tiempo conectado a ellos de una forma que no conseguía entender. Las semillitas más viejas, desde lo alto de su sabiduría heredada durante milenios de evolución, pronto trataron de frenar su natural entusiasmo:

– “Calma Zóide, tranquilo. Si no, puedes perderte”, le decían.

– “Cuidado, no te exaltes demasiado. Puedes crearte problemas”, e así por delante.

Pero Zóide era curioso, inquieto, impaciente y lleno de energía. Hasta intentó quedarse quieto mientras observaba otras semillas que se formaban a su alrededor. Así, algún tiempo se pasó mientras él se preparaba para lo que le decían que sería la gran aventura de su vida.

Lo interesante es que allí también existía la libertad de poder escoger participar o no de la jornada que se avecinaba, o apenas observar sus intrépidos compañeros partiendo para enfrentar el desafío. Zóide se daba cuenta de que el ambiente que lo rodeaba era 90% dorado y luminoso, coronado por un cielo blanco y lechoso, además de algunos puntos de variados colores, entremezclándose con el dorado reinante.

El propio Zóide era totalmente incoloro al principio, pero observó que, a medida que se desenvolvía, surgían en su cuerpo formas y colores que se diferenciaban entre sí. Estaba ansioso por el viaje de ida, tan comentado. Hasta que llegó el momento, y los consejeros le avisaron:

– “Falta poco, prepárate”.

Esto se lo dijeron no sólo a él, mas también a millones de otros que se juntaron a Zóide en el punto de partida. Él absorbió lo más que podía, no sólo de la sensación de invencibilidad que lo impregnaba, sino de todo lo que lo rodeaba. No sentía que necesitaba vencer a nadie, no estaba compitiendo. Ya hacia el final se dio cuenta que él y los millones de compañeros eran como un solo cuerpo, una única mente mayor.

Zóide estaba feliz, no sentía ni la más mínima angustia o miedo y ni siquiera la necesidad de probarse mejor que los demás. Sólo las ganas de zambullirse hondo de cabeza y nadar en el maravilloso y brillante rio lechoso que, de repente (y viniendo no se sabe de dónde), comenzó a engolfarlos y catapultarlos. Ellos escuchaban sólo los gritos de “Vamos…. Adelante…. Buena suerte…. Nos dejen orgullosos…. Ustedes son nosotros….”, y así sucesivamente.

Zóide no sabía de dónde venía aquel éxtasis casi imposible de soportar que lo tomó y lo condujo deliciosamente, junto con sus compañeros. Ni necesitó usar sus fuerzas físicas o mentales, se sentía llevado, mientras temblaba de alegría, dulce anticipación, fervor y placer. La sensación duró hasta la mitad del trayecto.

De repente se sintió confundido de nuevo como antes de comenzar la carrera. Redujo la marcha y empezó a notar que gran parte del grupo (alrededor del 60%) se había quedado por el camino. Pero un ímpetu lo impulsó y él empezó a acelerar, a nadar, ahora de una forma consciente y determinada.

Los otros lo seguían, y por lo menos una docena lo alcanzó. Centenas lo acompañaban más distantes. Por primera vez comenzó a sentir el peso de la responsabilidad y de la realidad física. Se percibía nadando hacia arriba, en una carrera de obstáculos. Y a medida que recorría las distancias aparentemente arduas e interminables, notó que se cansaba cada vez más.

Se inclinó en un pliegue suave y acogedor, permitiendo que muchos lo ultrapasasen. Pensó: “Qué estoy haciendo aquí? A dónde voy? Yo no necesito de todo esto!

Se acomodó, intentando caer en un sueño profundo…. hasta que algo repentinamente llamó su atención.

Había un sonido suave, una música delicada. Él se sentía arrullado en brazos protectores y amorosos que lo conducían río arriba. Le pareció que estaba soñando, pero cuando cayó en sí, todo el paisaje a su alrededor había cambiado. Zóide todavía observaba a sus compañeros, tanto de la vanguardia como de la retaguardia, mas una claridad deslumbrante, y al mismo tiempo irresistible, se apoderó de él y de todo lo demás que había en su entorno.

En un horizonte aterciopelado y místico, con aspecto de cielo azul oscuro, se alzaba el más bello sol que Zóide jamás podría imaginar, incluso en sus sueños más locos. Era de ese sol que provenía la bella melodía seductora e irresistible.

Zóide se dio cuenta, entonces, que él sólo existía en función de encontrar aquella estrella. Era por ella y para ella que él había sido creado. De alguna manera sabía que era parte de aquel cielo centelleante y majestoso, a pesar de no comprender cómo podía estar separado de aquella estrella gloriosa y fascinante! Sabía con toda la potencia de su Ser que pertenecía a aquel firmamento sublime, y nada lo impediría de intentar alcanzarlo!

Bueno, nada más importaba ahora.

Parecía que ella lo había esperado durante todas las edades y ahora lo llamaba suavemente para completar juntos la historia de todo. Al observarla, la percibió por lo menos 50 veces mayor que él, lo que no lo detuvo, tampoco lo amilanó – por el contrario, todavía lo animó más y más. Sentía que, por mínima que fuera su participación, era esencial.

Arrebatado, ni notó ningún tipo de cansancio, desánimo o falta de propósito.

Percibía que ella soltaba tentáculos de luz hacia él, que lo acariciaban suavemente y lo atraían irresistiblemente hacia una especie de danza cósmica sin comienzo ni final.

Observó que sus colegas estaban tan enamorados y atraídos como él, llegando a imaginar, al principio, que todos acabarían sumergiéndose dentro de aquel calor amoroso que se desprendía de aquella enorme y poderosa estrella brillante.

Ahora sí Zóide había descubierto su propósito en la vida, que era lanzarse lo más rápido e intrépidamente posible en aquella dirección, diluyéndose en la bella estrella, muriendo de amor.

Era todo lo que importaba.

Era todo lo que quería.

Nada más existía.

Con una energía renovada, él y muchos de sus compañeros se lanzaron impetuosamente hacia el bellísimo sol que los invitaba. Cuando Zóide y algunos colegas ya estaban orbitando aquel sol, de repente sus energías se agotaron una vez más. En ese momento, en torno de 40 de sus compañeros se juntaron a su alrededor diciendo: “Vamos Zóide! Eres tu, ella te quiere a ti!

Todos le cedieron el resto de sus escasas energías y lo empujaron hacia dentro de aquella esfera maravillosamente atractiva y luminosa. Zóide notó y se conmovió con el amor de sus amigos, así como con la admiración y el orgullo que sentían de él. Y en el mismo instante en que se zambulló arrebatado y fascinado en su destino, dentro de él explotó un profundo sentimiento de gratitud por aquellos que dieron sus vidas para que él pudiera comenzar una nueva etapa de la suya.


Comentarios de JORGE ZAHELL

Y entonces, camarada. Usted no se acuerda de ese momento, verdad? Ya existió en su vida, como humano, un instante tan sublime, dramático y mágico cuanto este?

Cada uno de nosotros que logró nacer en este planeta ya fue un Zóide que se sumergió en su amada estrella en aquel momento poético, definitivo y magnífico.

No hay nada más milagroso en este mundo que la fecundación. No hay nada que exprese mejor, de una manera tan bien acabada, el gran misterio de la vida que vivifica a todos.

La vida entera está impregnada de romance, de pasión, de amor, encanto y arrebatamiento sin fin. Ella contiene en sí billones, trillones, zillones de procesos, todos ellos fundamentales en el encadenamiento perfecto y en la sinfonía natural que hace que cada uno de nosotros sea tan único y singular.

Cuál es el proceso que permite que una única célula en nuestro cuerpo sea capaz de transformarse en un principio germinativo que conduce a la formación de un óvulo o de un espermatozoide ????

Cuántos milagros en secuencia tienen que suceder para que estas dos células germinales de cuerpos distintos, aparentemente tan diferentes, puedan encontrarse alguna vez, de cualquier forma que sea?

Para mí, como para muchos, sin duda todo es orquestado por una inteligencia que conoce mucho más de lo que concebimos sobre nosotros, sobre los procesos que nos precedieron y sobre aquellos que nos van a suceder. Y siendo esta inteligencia, sin duda, muy superior a cualquier cosa que consigamos imaginar, entonces me parece obvio que ella sepa muy bien CÓMO proporcionarnos cualquier cosa que quisiéramos, así como ella supo armar tan milagrosamente el proceso que desencadenó aquella única célula que después se convirtió en usted, que luego se convirtió en mi y en otros tantos en este mundo.

Por cierto, estoy seguro de que ella ya nos ha proporcionado cualquier cosa que osaríamos soñar y mucho más. Es nuestra responsabilidad acceder a la manera de reivindicar los derechos ya adquiridos, o sea, corresponde a cada persona encontrar la forma de descubrir cómo tener físicamente (si lo considera necesario) aquello que ya le pertenece en otras esferas – pues todo ya nos fue dado, desde siempre y para siempre, sólo olvidamos esto y nos estamos recordando poco a poco.

En este libro usted ya está encontrando herramientas poderosas que le ayudarán en esta búsqueda de lo que ya es suyo, pero con lo que aún no ha entrado en contacto.

Sepa…. Aquello que usted quiere también le quiere! Y por cierto, ya le pertenece!

Cuando Zóide se descubrió como tal, sólo sabía que había alguna aventura esperando por él. No se quedó pensando en eso, sólo lo aceptó. Pero, por algún motivo, se convirtió en una célula germinativa, no una célula del hígado, del corazón o del sistema nervioso. Jamás imaginó que él era apenas una “media-célula”, que contenía en sí el sagrado potencial para transformarse no apenas en billones de otras células con igual potencial, mas también en los numerosos procesos mágicos interminables que mantendrían el organismo (por él generado) indefinidamente vivo y saludable por décadas – sin mencionar el milagro evidente que perpetuaría sus características en sus descendientes por milenios!

Lo que él quería, incluso sin saberlo, no sólo también lo quería, como todavía lo ayudó a llegar allí. Había una inteligencia superior inherente a él y aquel Sol, la cual los condujo uno hacia el otro para que su amor se consumara.

Por otra parte, el amor impregna todas las células, átomos y partículas del cuerpo. Él impregna todo lo que es visible e invisible en el Universo!

Ahora, cuál es el papel del amor en todo esto?

Simplemente esencial!

El amor es tanto el principio cuanto el fin de todo, es el Alfa y el Omega, es lo que está en el medio, en los lados, arriba, abajo, dentro y fuera de todo…. y así por delante. El amor es la sustancia primordial que permite que todo pueda llegar a ser, e incluso mientras no se expresa (o incluso que nunca se exprese), el amor ES – existe en el fondo de todas las apariencias.

Ah, y por último pero no menos importante…. Las melodías y la música provienen de una esfera elevada del Ser y, por lo tanto, cualquier criatura viviente puede sentirlas de alguna manera. Dicho esto, sugiero escuchar la canción especial que fue el trasfondo del viaje de Zoid hacia su destino para encontrar a su amada: Seasons In The Sun, por Terry Jacks. Disfrútela!

Y entonces?

Se quedó curioso?   Quiere saber más?

Entonces…. Venga conmigo !

Esta historia fue retirada del libro “EL MANUAL DEL HOMBRE ENAMORADO – LIBRO 1”, el cuál está disponible aquí en este mismo Blog (onigya.com), en la sección BOOKS del Menú. Contiene muchas historias llenas de Conciencia, Amor, Pasión y Romance, todas ellas comentadas por mí desde una perspectiva más elevada de la vida (que proviene directamente de una Conciencia Cósmica, así llamada en el libro mencionado). Otros libros y sugerencias también estarán disponibles en la secuencia.

¡Suerte!

JORGE ZAHELL

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Image by Gerhard Gellinger from Pixabay

3 Comments Add yours

  1. Shirene says:

    Lindo 👏🏻

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  2. Monica says:

    Amor solo amor!!!!! El lo puede todooooo. Mi humilde opinión

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  3. Jorge Zahell says:

    Sí, Monica…. El amor no solo puede todo, Él es todo.
    El amor es la única cosa Absoluta en el Relativo.

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