UNA ESTRELLITA FUGAZ!

Historia “UNA ESTRELLITA FUGAZ”, por Milcíades Joel Zaragoza Burgos.

“Nadie tuvo que despertarme en aquella mañana de otoño. Era el primer día en mi nueva escuela! Ansioso y expectante, salté de la cama y me metí en mi flamante uniforme nuevo, colocando orgulloso la insignia del colegio. Pasé en disparada por la cocina donde Narciza fritaba tortillitas de jamón y queso, tomé en mis manos tres y salí corriendo hasta el portón, donde Lucas y Manuel ya me aguardaban.

La mañana estaba radiante…. El débil sol de abril disipó algunas nubes en el cielo, y docenas de niños caminaban por las calles brillando en sus uniformes almidonados en dirección a la escuela. Había un clima de euforia, alegría y anticipación en la atmósfera. Percorrimos las siete cuadras desde mi casa hasta la escuela en un instante, y cuando entramos a la derecha, vi una escena que me llamó la atención. En un coche azul oscuro y largo, un hombre tomó una niña en sus brazos y la colocó en el suelo, ayudando a enderezarla en una muleta que parecía hecha de acero y aluminio.

Yo me quedé plantado allí mismo, sorprendido y cautivado por su belleza inusual. Y debía parecer tan atónito que ella y su padre repararon en mi curiosos. Cuando la niña ya caminaba de la mano con su padre, al mirar hacia atrás me regaló con la sonrisa más hermosa y luminosa que jamás había visto antes.

Manuel me dio un tirón. – “¿Qué pasó, Milcíades? Viste un fantasma? “, preguntó él.

“¿Quién es ella?”, indagué curioso. Y seguí caminando hacia la escuela, pero con mis ojos fijos en la niña.

Lucas intervino: – “Es mi prima Lorena. Ellos se mudaron de la capital, por recomendación del médico. Ella tuvo polio!”, dijo con un aire de piedad.

– “Dios mío”, exclamé admirado. – “Ella parece un ángel”.

Algunas niñas llegaron corriendo por el camino en este instante, riendo y provocándonos. Corrimos detrás de ellas a la escuela, y por un breve momento, se me olvidó Lorena. Pero pronto volví a verla cuando su propio padre la condujo a la sala de clases y nos llamó la atención. Se tuvo que esforzar un poco, ya que, a excepción de mí, todos corrían de un lado a otro gritando y provocándose.

– “Hey, mis bravos! Durante un minuto, será que ustedes podrían prestar atención en mí?”. Todo se calmó de repente, y el hombre continuó: – “Esta es mi hija Lorena, que será su compañera de clases. Y les pido a todos que la cuiden y protejan. ¿Está bien?”

En ese momento todos se dispusieron a ayudarla, especialmente las niñas. La colocaron para sentarse en una mesita con silla bien en el centro y en la primera filera de asientos de la clase. Me aproveché para sentarme lo más cerca posible de ella, justo detrás, en la fila al lado. Aproximadamente el 70% de los niños eran novatos, venían de otras escuelas. Yo ya estaba por cumplir 10 años, mientras que la mayoría apenas tenía 8 o 9 años. El hecho es que, desgraciadamente, me había aplazado el año anterior, pero ese revés tuvo hasta su lado bueno, pues así me sentía un tanto superior a los compañeros. Mi padre era un próspero granjero, y esto también me hacía sentir más rico que mis nuevos colegas.

Así, todo conspiraba para que yo me comportara como un líder.

Lorena tenía cabellos castaño claros y ondulados. La impresión que pasaba es que nunca le habían cortado el pelo, tan finos y delicados lucían. Se quedaban aún más claros al sol. Aliados al uniforme blanco y azul, me transmitían la imagen de ángel que tanto admiraba. Ella tenía un rostro muy hermoso y grandes ojos color de miel, era delgadita y pasaba la impresión de una fragilidad inusual, con una cierta dosis de melancolía, lo que hacía que todos quisieran ampararla.

Ella mantenía un cierto distanciamiento de las personas, parecía demasiado humilde, casi avergonzada en medio de niños tan llenos de vida y perfectos a su impresión.

Tenía también una mirada triste, a pesar de no ser sombría, tampoco transmitía inferioridad. Era una mirada como que si pidiera disculpas, provocando admiración y conmoción – principalmente en mí.

Después que su padre saludó a todos, se despidió y se retiró. De pronto tomé una decisión. Me dirigí al frente de la pizarra, subí en la mesa del profesor y pedí la palabra:

– “¡Atención! Ahora declaro oficialmente, para todos ustedes, que soy el protector número uno de Lorena. Y cualquiera que se atreva a molestarla, aunque de la forma más leve, tendrá que ajustar cuentas conmigo. ¿Y no será nada agradable, Capisce?”, dije, haciendo una pose de potentado.

Y Lucas pronto se levantó en su silla e interrumpió: – “Yo, como primo, soy el segundo protector de Lorena”.

– “Yo seré el tercero”, gritó Manuel.

Entonces todos entraron en la broma.

– “Yo seré el cuarto”, dijo uno de ellos.

– “Yo seré el quinto”, dijo otro.

– “Yo seré el centésimo”, gritó uno al fondo, aunque sólo había 30 niños en la sala.

Y quedamos todos en el lío, hasta que el profesor entró en la sala e impuso silencio, mandando a todos sentarnos en nuestros lugares.

El profesor pidió que todas las niñas fueran a los lugares de la frente, en la primera y segunda fila. Yo, por estar en la tercera fila, fui mantenido donde estaba.

Y en aquel primer día sólo tuvimos una clase muy lúdica, donde nos presentamos, hablamos un poco de nuestra historia y “adoptamos” unos a los otros.

El profesor empezó así: – “Mis queridos alumnos. A partir de ahora ustedes ya están grandes, ya han dejado los pañales hace tiempo. Es hora de cuidarse por sí solos. Hasta el año pasado las maestras y los profesores tenían que encargarse de ustedes. Pero, ¿ahora puedo confiar en que cada uno ya ha aprendido a cuidar de sí ?”

– “Siiiiii”, respondieron todos.

– “OK entonces. Ahora quiero saber si cada uno de ustedes puede adoptar a uno o dos compañeros, para cuidarlos también”, comentó el profesor.

– “Adoptaaaaaar?”, gritó uno al fondo.

Y las muchachas murmuraron: – “Ui, ya me bastan mis hermanos”.

– “Ahhh, ya me basta con mi tío”, dijo otra.

Y una tercera dijo: – “Mi padre trabaja en casa y sólo me molesta el día entero”.

Hasta que una de ellas, aún murmurando, levantó la mano y preguntó: – “Profesor…. nosotros, muchachas, podemos adoptar otra niña?”.

– “Tenemos un problema aquí, niñas. Son doce niñas para 18 niños “, dijo el profesor.

-“Nosotros vivimos en un mundo donde hay niños y niñas, hombres y mujeres”, continuó. “Ustedes van a tener que aprender a manejarse unos con los otros, porque hoy en día es normal y conveniente mezclar alumnos con alumnas “, finalizó.

Y entonces levanté la mano y pedí la palabra. Una vez autorizado, me quedé de pie y propuse la solución que me pareció la mejor salida (principalmente para mí). Cada niño adoptaría una niña y otro niño, o dos niñas. Y viceversa, pero teniendo que haber interacción entre niños y niñas en cada elección. Yo necesitaba eso, tenía que acercarme de Lorena.

Como el profesor hizo un sorteo, desafortunadamente me quedé fuera del grupo de Lorena. Pero Lucas, viendo mi tristeza, pronto propuso un gran negocio para mí. Me ofreció dar su nombre a cambio de mi vieja bicicleta. Y yo no pensé dos veces.

Ahora me sentía todo orgulloso, riéndome por nada. Estaba en el lugar correcto, en el momento oportuno, al lado de la muchacha ideal. Estaba convencido de que era la mujer de mi vida. Luego imaginé que tendría que conseguir un empleo para poder comprar un anillo y una casa, además de un coche, porque ella merecía mucho más que aquella vieja bicicleta de la que acababa de librarme.

El dueño de la panadería había una vez comentado con mi padre que yo sería un gran trabajador, y estaba seguro de que pronto me daría un trabajo.

Después de ese primer maravilloso día en nuestra nueva escuela, me sentía absorbido en una especie de cuento de Dickens, donde la realidad (de tener que levantarme, bañarme, hacer tareas, ir a la escuela, etc.) parecía estar en segundo plano . Yo vivía, cantaba, rezaba y respiraba sólo por Lorena. Ella no me salía de la cabeza, ni mientras dormía, siendo que mis sueños eran sólo una deliciosa extensión de mis maravillosos días en la escuela.

No puedo recordar el contenido que los profesores pasaban. Hasta ellos están ennegrecidos en mi cabeza. Recuerdo al profesor de educación física sólo porque me permitía ayudar a Lorena y otras niñas durante los ejercicios que hacíamos. Él parecía percibir cuánto estaba enamorado por la compañerita, y medio que me animaba.

En los recreos llevaba bollos, empanadas, galletas y galletitas para dar de regalo a Lorena, todo debida y previamente negociado con nuestra cocinera. El trato con Narciza era simple. Yo le mostraba el dinero que papá me daba para mis meriendas durante ele recreo y la sobornaba para que ella cocinara todo lo que le pedía. Y cuando faltaba dinero, yo pedía a mi padre un extra, para comprar materiales didácticos (lápices de colores, papel, cuaderno, regla, etc), pero muchas veces era para mi importantísimo soborno. No faltaban nuevos productos en una supuesta lista que inventaba.

Así pasaron semanas, hasta que se acercó el cumpleaños de Lorena, el día 7 de junio, un jueves. Yo pedí permiso a la directora de la escuela para, en el recreo, cantarle feliz cumpleaños, con algunas comiditas para festejar. Y la directora aceptó, autorizando el uso del teatro en el segundo piso.

Preparé aquella gran fiesta, envolviendo a mi cocinera, a mi madre, a la madre de Lorena y más algunas personas. La fiesta contó con torta de chocolate, helados, gaseosas, bocaditos, sándwiches, chocolate caliente, jugos, etc.

A pesar de que la conmemoración fue sólo para nuestra clase, los casi 500 niños de la escuela se enteraron y todos acabaron comiendo algo. Lorena estaba eufórica, corría con su muleta, jugaba y se sentía especial. ¡No paraba de sonreír, formando aquellos hoyuelos divinos que hasta hoy me persiguen en sueños!

Y todo esto sucedió durante los 30 minutos del recreo. Después de que todos se retiraron, fui conversar con Lorena, que me dijo:

– “Gracias Mil. Yo nunca esperaba que me hicieras una sorpresa así. Fue todo tan lindo, me emocionó y me encantó”.

Me senté en el mismo taburete que ella, de frente, y cogí sus manitas en las mías, volví su pequeño rostro para mí, le di un beso en la mejilla y le dije:

– “Qué bueno que te gustó…. Fue una alegría y un placer para mí prepararte esta fiesta”.

Seguí observándola, arrebatado, pareciendo que nada más existía, sólo nosotros, nuestro amor y la certeza de que existíamos uno para el otro. En ese momento éramos todo. Éramos el mundo, éramos el desorden de la sala, éramos el banco donde nos sentábamos, éramos el edificio, éramos los niños que salieron, éramos el mar, el cielo, las estrellas, éramos…. DIOS.

Pero al mismo tiempo, en este momento una sensación de extrema urgencia y de ansiedad me asaltó. Sin conseguir sostener el ímpetu, las siguientes palabras casi que salieron sin pensar de mi boca, a los borbotones: – “Te amo Lorena. ¿Querés ser mi novia?”

Su risa cristalina y repleta de felicidad me alcanzó como una tierna caricia. Y ella preguntó: – “¿Qué significa ser tu novia, Mil?”.

Y dije: – “Es vivir el uno para el otro. Es hacer un pacto de que vamos a amarnos eternamente y quedarnos juntos siempre que podamos”.

Recuerdo que ella quedó toda ruborizada, y sus labios rosados apenas balbucearon: – “Y…. ¿Cómo es ese pacto, Mil?”.

Algo perdido, tratando de encontrar palabras para explicarle lo que ni yo sabía bien, miré a mi alrededor y vi uno de los anillos de plástico azul que formaban parte de las sorpresitas que su madre había preparado para la fiesta.

Tomé rápidamente el anillo e hice que Lorena se volviera hacia mí. Me levanté, me arrodillé y coloqué el anillo de plástico en el dedito anular de su mano izquierda, diciendole:

– “Lorena Manfredi, ¿querés casarte conmigo? Yo, Milcíades Joel Zaragoza Burgos, me estoy ofreciendo a ti ahora y para siempre. Soy tuyo !”

Ella se quedó perpleja. Sin embargo, al mirar todo esto como una broma, inmediatamente dejó escapar un delicioso riso y respondió:

– “Por supuesto, mi Mil, mi diez Mil, mi un millón, mi Mil millones. Creo que también te amo demasiado. Acepto casarme contigo, aunque no sé si soy tuya o de Dios”.

– “No te preocupes, yo me entiendo con Él”, dije, lleno de mi mismo, como si pudiera tratar fácilmente con mi Creador. Y nos dimos un abrazo. La levanté colocando mis pies debajo de los suyos, y salimos bailando alrededor de del salón, sin música, tarareando lo poco que sabíamos de la melodía Danubio Azul (haga clic).

– “Na na na na na. Na na. Na na.

– “Na na na na na. Na na. Na na “.

Estábamos tan extasiados que sólo puedo decir que flotábamos, porque no sentía su peso. Era como si ella pertenecía a mi abrazo, era como la prolongación de mi cuerpo, de mi vida. Ella era tan etérea, pero sin embargo, tan intensa.

Y ni siquiera noté que su padre había llegado y estaba de pie cerca, mirándonos, sonriendo.

Paré de inmediato. Mi suegro llegara.

– “Y entonces, cumpleañera, es hora de ir”, dijo. Y él la arrancó de mis brazos, rompiendo el hechizo de ese momento mágico y fugaz, pero eterno en mi corazón y en mis recuerdos.

La última imagen en mi memoria es de su padre bajando las escaleras con ella en sus brazos. Y corrí tras ellos con la muletita que había quedado en el banco mientras bailábamos. Desde entonces y hasta el dia de hoy, todavía siento sus championsitos blancos encima de mis pies, vestidos con mocasines negros de cuero….

Por desgracia…. esta fue la última vez que la vi. Más tarde me contaron que después del almuerzo, en aquél mismo día, de repente ella empezó a tener fiebre alta y convulsiones. Fue llevada inmediatamente a un hospital de la capital, donde permaneció 48 horas hospitalizada y falleció. Habían pasado sólo tres días de su cumpleaños. Y también supe que ella fue enterrada con el anillo solitario de plástico azul en el mismo dedo que yo lo colocara en aquel instante tan especial!

¡Ay!

Bién, no necesito contar que me quedé completamente destrozado con la noticia. De repente, todo parecía diferente, a pesar de que yo sabía que estaba todo igual. El sol todavía nacía y se ponía. La lluvia caía. En mi décimo cumpleaños, el 14 de octubre de ese año, no quise fiesta. Aun así, mi padre me regaló un hermoso pony. Me gustó, pero ni millones de ponis como aquel sanarían la tristeza que se instaló en mi corazón. Ya no jugaba de la misma manera. Ya no era el mismo. Y aunque conseguí recuperarme (hasta cierto punto) y a tener otras expectativas y esperanzas para mi vida, sentí una especie de soledad que nadie ni nada podría suavizar. Soñaba con ella casi todas las noches, sintiendo su cuerpecito delicado y su aroma dulce y suave – además de su mirada de niña pura e ingenua con su sonrisa única de hoyuelos impresionantes….

Entrar en la adolescencia suele ser un gran desafío para la mayoría de la gente. Pero para mí fue un alivio. Perder la inocencia (y percibir que la vida era más difícil que lo imaginado) acabó por tranquilizarme. Era como si todo el mundo estuviese ajustándose a mi pérdida, a mi dolor. Seguí siendo rico, apuesto, inteligente y muy exitoso, tratando de adaptarme a una sociedad que ignoraba un dolor que yo no conseguía superar, a pesar de mis esfuerzos.

Para todos yo soy un vencedor.

Para mí, soy solo una sombra.

Pero no pasa un día que no me pregunte:

¿Cómo sería mi vida hoy si Lorena hubiera permanecido en la Tierra? Será que aquel amor era tan arrebatador así solamente porque me sorprendió en la primera infancia? ¿Será que los años habrían mitigado el amor si ella no me hubiera dejado? ¿Será que ella habría seguido un camino diferente?

Tal vez….

Pero lo que me gusta imaginar es a nosotros dos juntos, enamorándonos, amándonos, casándonos. Ella adulta, curada de las secuelas de la polio, dándome hijos.

Bueno…. no quiero ser ingrato, pero, como hombre enamorado, me doy el derecho de aceptar que, cuando ella se fue, gran parte de mi inocencia, de mi confianza y de mis certezas se fueron también, junto con mi potencial y todo lo que quisiera haber realizado en mi vida – con ella a mi lado, por supuesto!


Comentarios de JORGE ZAHELL

Bien…. No sé usted, pero yo me quedé tan sacudido cuando oí esta historia. ¡Imagínese qué impacto tiene algo así en un niño! Pero la vida de Milcíades continuó. Él incluso tuvo sus momentos buenos, a pesar de que, por el relato arriba, no parecieron ser tan reconfortantes.

¿Qué lecciones podemos sacar de esta historia?

¿Y usted lector, qué le diría a Milcíades?

¿Cómo se comportaría en su lugar? ¿Cómo lo consolaría?

Bueno…. si yo estuviera en su lugar, tal vez ya me hubiera muerto dos semanas después de que Lorena partió. Cuánto dolor…. Pero, en la calidad de alguien que quiere ayudar a las personas a tener una mejor comprensión del amor y de la vida, hoy, no habiendo muerto, yo diría en su lugar (si él me permitiera tal osadía):

“Yo admito sinceramente que llevé muchos años para comprender que un amor no tiene su valor disminuido sólo porque fue interrumpido antes de lo que me gustaría.

Yo viví, yo amé…. Y, a los 9 años de edad, hice más que muchos hombres maduros hicieron en todas sus vidas. Yo realicé una hermosa fiesta para Lorena, le di mucho más de lo que podría esperar de un cumpleaños. Yo le di mi corazón, mi vida.

Tal vez yo no me haya dado cuenta de la grandeza de mis actos en aquel momento. Hoy, analizando en retrospectiva, creo que estaba inspirado, como si sintiera que ella muy pronto partiría. Me siento muy feliz de haber seguido mis sentimientos y me permitido vivir aquel idilio mágico y decir TODO lo que sentía por ella en aquel momento.

Tal vez no haya sido suficientemente agradecido de lo que la vida todavía tendría que darme después de aquella catástrofe. Escogí la tristeza, la melancolía y viví en la sombra de aquella pérdida.

Sólo ahora me doy cuenta que podría haber experimentado innumerables otras historias fantásticas de amor, porque la vida, en su infinidad, siempre tiene más alternativas a presentarnos.

Tal vez yo haya dejado de vivir la plenitud de mi vida porque fui egoísta al querer guardar, sólo para mí, aquella que considero la única historia de amor perfecta: Lorena y Yo.

Tal vez yo no comprendía que el amor puede manifestarse de diversas formas y bajo las más variadas facetas, y que Él, el amor, es infinito en sí, pudiendo incluso trascender a sí mismo en las más variadas versiones.

Hoy me doy cuenta de que necesito (y merezco) abrirme para cualquier forma de amor, de las más variadas fuentes y personas. De que haber despreciado otras alternativas amorosas fue algo que sólo me alejó de lo que más quería: AMAR.

El amor, siendo infinito, siempre puede ofrecer algo nuevo y aún más encantador, desde que estemos en la misma sintonía que él. Esto no significa que no soy solidario al dolor que sentí con la muerte de Lorena, y también con todos aquellos que, como yo, tuvieron una pérdida aparentemente tan irreparable como aquella. Entiendo que todos necesitamos un momento de luto, de reajuste, pero, en algún momento, debemos abrirnos para nuevas posibilidades y seguir adelante.

Sólo ahora, después de mucho sufrimiento, percibo que llevo dentro de mí a mi amada Lorena, así como mi amor por ella. Y siento que nuestro reencuentro es inevitable. Pero también me doy cuenta de que, mientras no sucede, puedo (y hasta debo) vivir plenamente mi vida, encantado por ella (aunque a veces todavía me quede triste por lo que considero una pérdida).

Sólo ahora estoy empezando a entender que la vida plenamente vivida me traerá todo lo que necesito para continuar en mi viaje, incluso otro amor, que tal vez no sustituya al que se ha ido, pero puede ser tan interesante y maravilloso como mi primer amor”.

Observo que después de perder Lorena, Milcíades ya no consiguió abrirse nuevamente por completo, lo que contaminó toda su vida y posibles nuevas experiencias que atraería a partir de entonces. Cuando la persona comprende lo que la vida Es, ella intuitivamente SABE que va a reencontrar cualquier amor perdido en algún momento de la eternidad, y no escoge sentirse y comportarse como si estuviera emocionalmente amputada. Y esta verdad es un bálsamo que nos consuela, a pesar de no extinguir el dolor, especialmente en el comienzo que se sigue a cualquier evento trágico.

Por fin, termino diciendo que a pesar de mis elucubraciones anteriores, yo sé que ese breve y temprano amor cumplió su objetivo, independiente de cómo Milcíades interpretó los eventos posteriores a la partida de Lorena. Recuerde que el amor siempre vale la pena. Somos nosotros que intentamos colocarlo en nuestros moldes preestablecidos, y nos frustramos cuando él aparentemente ignora nuestros anhelos.

Milcíades fue agraciado con este regalo de la vida, vivió algo mágico, fue un Hombre de verdad a los 9 años. Pero si después no tuvo la comprensión y el alcance necesarios para quedarse en paz, eso ni es lo más importante, porque el punto principal es que el amor tuvo una oportunidad para manifestar-se de la forma más contundente posible. Y Milcíades supo aprovecharlo – por lo menos por un breve espacio de tiempo.

Con una Consciencia expandida sobre la vida, la experiencia de la pérdida de un gran amor es colocada en una otra perspectiva más elevada, y el impacto ya no es tan devastador como cuando la persona no tiene la debida comprensión.

Entonces, cuando y siempre que se encuentre con una oportunidad amorosa, arriesguese, pague el precio, sometase a un posible fracaso si necesario.

¡Valdrá la pena, se lo aseguro!

Porque incluso si todo sale mal, la vida le recompensará más adelante, ya que no se acobardo, no sucumbió a sus miedos. El caso es que ESTO es exactamente el propósito de cada experiencia de la vida: hacer que usted se de cuenta de que puede TODO, que no hay nada que temer, que en todas las aventuras y desventuras de su jornada estará siempre apoyado por una Parte Mayor suya que sabe que usted es Eterno, Indestructible, Maravilloso, Irresistible e Invencible – incluso si todavía lo duda. Y esta Parte Mayor no lo abandonará hasta conseguir (en algún momento de su jornada eterna) ayudarle a expresar, en la vida, “aquí”, toda la grandeza que tiene “allá” – y que siempre ha sido suya. E “allá” no es mejor que aquí (por más que le parezca).

Y cuanto a nuestro amigo Milcíades, vivió su vida sin olvidarse de aquellos momentos sublimes de su infancia. Bueno…. Si está interesado, usted puede escuchar su canción favorita haciendo clic aquí – la canción que más le recordaba a su amada Lorena.

¿Se quedó curioso?   

Deje sus comentarios en los campos correspondientes a continuación (abajo, en Leave a Reply) y haga clic en POST COMMENT (publicar comentario). Su e-mail no será publicado.

¿Quiere saber más?

Entonces…. Venga conmigo !

Esta historia fue retirada del libro EL MANUAL DEL HOMBRE ENAMORADO – PARTE 1 – aún por publicar en breve, aquí en este mismo Blog (onigya.com), en la sección BOOKS del Menú. Contiene muchas historias llenas de Conciencia, Amor, Pasión y Romance, todas ellas comentadas por mí desde una perspectiva más elevada de la vida (que proviene directamente de una Conciencia Cósmica, así llamada en el libro mencionado). Otros libros y sugerencias también estarán disponibles en la secuencia.

¡Suerte!

JORGE ZAHELL
Image by Myriam Zilles from Pixabay

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